Un espejo de cristal… Y mírate y mírate

Suena el despertador, abres los ojos, te levantas por la mañana, vas al baño, te quitas alguna legaña y te lavas la cara. ¿Qué haces mientras te secas esas gotas que recorren tu rostro? Sí, te miras al espejo pero ¿analizas lo que ves? Seguramente no. Sin embargo puede que te hayas echado un ojo y aparezcan en tu mente los siguientes pensamientos: ¡Oh, no, otra vez! ¡Vaya cara, menudos pelos! ¡Ostia y este grano! Todos estamos acostumbrados a decirnos cosas negativas e incluso a darlas por ciertas sin que ello aporte nada, lo único que provoca es reafirmar ese sentimiento de sentirnos mal con nosotros mismos. Pero queramos o no la vida es negativa, ya desde que nos levantamos y desayunamos a pesar de estar medio zombis, más dormidos que despiertos, escuchamos noticias en la radio o en la tele que no hacen más que reflejar asesinatos, tragedias, crisis, desahucios… Y es que lo negativo vende más que lo positivo, y eso también lo llevamos a nuestra vida temiendo incluso quedar como un pequeño Nicolás si destacas tus cualidades. Parece que si te dices cosas bonitas o si te quieres a ti mismo ya sufres un trastorno narcisista, y es por eso que a veces vas olvidándote poco a poco de quererte, sonreírte y sentirte dichoso.

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Enumera tus cualidades en voz alta, habla y repite las veces que sean necesarias cosas positivas: lo capaz de eres de afrontar nuevos retos, de conseguir un trabajo, de perdonarte, de perdonar a otros…

Los espejos no están sólo para decorar. Quizás tengas más de uno en tu casa o puede incluso que estén presentes en todas tus estancias. Entonces, ¿por qué no empiezas a utilizarlos bien? Ponte frente a un espejo y mírate a los ojos, hazlo y dedícate tu tiempo. Mírate, mírate, mírate, mírate… Como decía aquella canción de Mecano. Porque cuando uno se ve sólo percibes un cuerpo pero cuando te pones delante de un espejo puedes mirar lo que hay dentro: un estado emocional, alegría, tristeza, un vacío interior, paz, serenidad, estrés…

Por eso os hablo de este ejercicio del espejo. Primero observa, luego realiza una introspección de ti mismo y por último enumera tus cualidades en voz alta, habla y repite las veces que sean necesarias cosas positivas: lo capaz de eres de afrontar nuevos retos, de conseguir un trabajo, de perdonarte, de perdonar a otros, etc. Parece sencillo e incluso una tontería, pero los resultados de los experimentos de las universidades de Granada y Jaén han demostrado que este simple hecho puede hacer mejorar la autoestima y el autoconocimiento, que es la capacidad que tenemos para tomar conciencia de quienes somos, qué sentimos y cómo expresamos nuestras emociones.

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No es grato mirarse cara a cara y verse tal cual uno es, no como aparenta ser ante los demás. Conocerte a ti mismo también implica saber lo que no haces bien o lo que haces peor.

Y sí, es muy importante conocerse para tomar decisiones y descubrir nuestras propias capacidades y limitaciones sabiendo que no es grato mirarse cara a cara y verse tal cual uno es, no como aparenta ser ante los demás. Incluso puede que llores o te sientas perdido al no saber por donde empezar. Pero eso sí, no uses nunca el espejo de la malvada y vanidosa madrastra de Blancanieves que siempre mentía y le decía lo que quería escuchar ante las palabras de “espejo, espejito”. Conocerte a ti mismo también implica saber lo que no haces bien o lo que haces peor. Este ejercicio tiene tres partes como se reflejan en este fragmento de la película  ‘Angel-A’, del director francés Luc Besson.

  1. Cuando estés en la fase de observación mírate honestamente en silencio, sin temor, con comprensión, con amor y perdón… Puedes empezar sonriéndote y dándole trabajo a los 47 músculos faciales que tenemos.
  2. En la fase de indagación propia comienza a responderte y a tener un diálogo contigo mismo. ¿Qué ves en el espejo? ¿Cómo ves a esa persona? ¿La reconoces o ha renunciado a sí mismo? ¿Qué cosas buenas tiene? ¿Y malas? ¿Qué es lo que más te gusta de ella? ¿Qué cambiarías de esa persona? ¿Piensas que tiene cosas buenas que aportar a los demás? ¿Crees que le gusta a sus amigos tal y como es? ¿Cuáles son sus virtudes? Quizás veas incluso una persona rara, que se parece a tí, pero no aceptes que seas tú.
  3. Por último en la fase de refuerzo convéncete a ti mismo de todo lo positivo que hay en ti, para ello enumera tus cualidades y dedícate frases bonitas y positivas del tipo de “me quiero de verdad”, “cada día me enamoro más de mi”, “me amo y me respeto”, “el pasado no pertenece al presente”… Y si no se te ocurre cómo hacerlo, mira la niña del siguiente video.

El objetivo final de esa sencilla técnica del espejo, muy utilizada en psicología por la corriente de la Gestalt, es hacernos ver a nosotros mismos quienes somos y también que integremos en nuestro pensamiento las afirmaciones positivas hacia nosotros de forma que ese comportamiento salga de forma natural de nosotros. Por eso, este método no vale para nada si sólo se hace un día, por tanto debe convertirse en un hábito. Y así, poco a poco, podremos ir camino de la felicidad o camino de empezar a valorarnos un poquito más a nosotros o a aquello que tenemos porque todos somos millonarios -aunque no nos haya tocado el Gordo de Navidad- y no nos damos cuenta.

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Los espejos no están sólo para decorar, utilízalos y convéncete de que todos somos millonarios.

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