Reflexiones de Navidad con fecha de caducidad

¿Pueden la Navidad y la tristeza estar unidas? Por desgracia sí, y es algo que he experimentado desde hace tres años cuando mi vida dio un giro inesperado al perder el trabajo justo por estas fechas. Parece imposible que una época en la que reina la paz y el amor, o quizás en la que la mayoría de personas parecen vivir dentro de un gran experimento sociológico de consumismo y postureo, pueda no provocar la alegría que antaño te hacía. Pero cuando eres una persona detallista y no puedes permitirte regalar a tus seres queridos todo aquello que quisieras, o simplemente un presente, pues tienes que enfrentarte a ti mismo, y eso no es grato. Miras a tu alrededor y ves a todo el mundo cómo parece disfrutar, y aunque quieres intentarlo, de tu interior sale un sentimiento más cercano a la frustración y al desánimo porque precisamente ver sonreír te produce más malestar personal al igual que ver esas navidades idílicas y perfectas que nos venden en televisión. Rememoras épocas pasadas en las que no tenías problemas y te sientes abrumado pero por suerte ahora veo las cosas desde otro prisma, todas las vivencias nos ayudan a conocernos y a conocer mejor el mundo en el que vivimos. Quizás por mi situación me esté volviendo más sensible aún, pero el sábado cuando estaba a punto de comer viendo un informativo las gafas se me empañaron al ver un reparto de juguetes a familias necesitadas con niños. Dicen que es complicado llorar con gafas pero de mis ojos brotaban lágrimas, lagrimas desordenadas como la canción de Melendi por ese sentimiento enfrentado de comprensión hacia esas familias que quizás hace poco eran pudientes, y de incomprensión y rabia hacia la propia sociedad. Rápidamente intente parar, y evitar que mi madre comprobara que tiene un hijo que llora, como si sacar tus sentimientos fuera algo malo para un hombre.

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¿Por qué soportar reuniones de familia en las que ese tío entrometido te pregunta sobre esa novia que nunca llega?

El exceso de consumismo no trae la felicidad pero dicen que cada asturiano se gasta casi 500 euros por Navidad. Basta con pararse y observar: codazos en las tiendas, peleas por conseguir un juguete, caravanas en los centros comerciales y muchas prisas. Prisas como las de quienes buscan cualquier regalo de último momento con el que quedar bien en lugar de disfrutar simplemente del hecho de poder obsequiar a alguien sin mirar el precio, rompiéndote la cabeza, pensando en algo que le pueda gustar a esa persona y que haga que cuando desenvuelva el paquete toda la alegría y felicidad de su cara penetre en tus entrañas como una fuente de energía positiva. Eso es parte de la magia de la Navidad pero nos empeñamos en no disfrutar de las pequeñas cosas, comprar no tiene por qué ser sinónimo de agobio y sin embargo es frecuente escuchar a la gente quejarse por tener que hacer un regalo a alguien. ¿Acaso es una obligación social? No señores, como decía Mario Benedetti “uno no siempre puede hacer lo que quiere, pero siempre tiene el derecho de no hacer lo que no quiere”. Es decir, somos libres y podemos elegir. ¿Por qué seguir las normas impuestas? ¿Por qué mostrarte afable con alguien con quien no tienes relación durante el resto del año? ¿Por qué no disfrutar cocinando la cena para tus invitados en lugar de volverse histérico e incluso tener ansiedad? ¿Por qué soportar reuniones de familia en las que ese tío entrometido te pregunta sobre esa novia que nunca llega? Sí, soy de los que piensa que hay que realizar esfuerzos de convivencia, tener ánimo conciliador y estrechar lazos pero a veces eso se opone a nuestros sentimientos y claro, luego vienen las consecuencias. Según un estudio realizado por el centro especializado en el control del estrés y la ansiedad Nascia en Madrid, el 44% de la población afirma que la Navidad es un momento del año que le produce un aumento generalizado del estrés. Entre las actividades que en esta época generan ansiedad encontramos: realizar las compras (76%), asistir a compromisos sociales (67%), tener excesos en los gastos (65%) y el cansancio general y la saturación de fin de año (60%). Pues no señores, la Navidad no es eso, es todo lo contrario al estrés con el que se viven ahora estas fiestas. La Navidad es tranquilidad y unión, así que el próximo año todos deberíamos buscar un poco más de relax y disfrutar de verdad para evitar tener la sensación de regresar enseguida a lo cotidiano, con la temida cuesta de enero a la vuelta de la esquina. Aunque también los hay que después de Reyes se sienten como liberados precisamente por esos síntomas traumáticos navideños.

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En Navidad no todo es felicidad muchas personas tienen que afrontar un momento anímico difícil.

No se si será cierto que la depresión por Navidad y los suicidios aumentan hasta un 40% como afirma un catedrático de la UNAM porque otros médicos expresan lo contrario y afirman que son pocas las personas incapaces de superar las tensiones navideñas. Sea como sea, creo que las navidades para algunos distan mucho de ser dulces y blancas, se vuelve algo más negras con demasiada nostalgia y añoranza presente. Y es que regresar a ese lugar en el que reías con alguien que ya no está invevitablemente te toca el corazón. La ausencia es dolorosa: un abuelo, una tía… Quizás tu mesa de Nochebuena haya disminuído con el paso de los años, o quizás haya sillas vacías porque tu hijo está trabajando fuera del país o porque has roto con tu pareja. Todo esto es probable que te haya provocado un sentimiento negativo, y que creas que no tienes ganas de festejar pero todo eso hay que superarlo y aceptar. No podemos cerrarnos en un caparazón de melancolía y soledad, sino todo lo contrario. Es lo que recomiendan los expertos para vencer la depresión navideña. Hay que compartir nuestros problemas con familiares o amigos, sacar los pensamientos fuera de la mente puede ayudarnos y además hacer que otros nos ofrezcan su apoyo. No podemos permitir convertirnos en cascarrabias y huraños, seres que exigen que se les deje tranquilos y pasan las fiestas enfadados. Vamos, en un auténtico grinch.

Es cierto que incluso los famosos sufren este síndrome navideño, y cuentan que Hugh Grant se va a Marruecos para ignorar estas fechas y que Lady Gaga rompió un Papa Noel en un concierto porque asegura que la Navidad le deprime. Pero los famosos no tienen por qué ser ejemplo a seguir, ni para bien ni para mal. Por eso pienso que en general deberíamos sentirnos un poco más afortunados de aquello que tenemos, de las personas que nos rodean, y sentir alegría. Aunque haya motivos para estar triste hay que esforzarse en celebrar sea de forma más o menos mágica. Pero siempre celebrar y recuperar un poquito la ilusión de la infancia riéndose de las adversidades. Por eso además de los consejos que suelen dar los psicológos para enfrentarse a la depresión por Navidad  diría que es fundamental vivir más tranquilos y disfrutar de las pequeñas cosas porque al fin y al cabo la Navidad es efímera, y al igual que los regalos que ahora algunos buscan desesperados en pocos días casi ni lo recordemos. Así que no pierdas la oportunidad de empezar, como dice esta gran canción que ha protagonizado uno de los mejores anuncios de este año.

 

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