¿Penekini o naturismo?

¿La moda de baño masculina te parece tradicional? ¿Ya no te basta con colores fluor para resaltar en la playa? ¿Cansado de las marcas que te deja el “fardaguevos”? Todo tiene solución así que a la vez que lees este artículo deberías escuchar de fondo a los Village Pleople en uno de sus temas más clásicos. Y es que aunque en Asturias parezca que el verano no existe y apenas hay oportunidad para ir a la playa, lucir palmito como si fueran los hijos de Mitch Buchannon preocupa a much@s.

No, que sepamos aún no podemos confirmar que el fin del mundo esté más cerca por ello, este año ha llegado a nuestras costas una nueva moda: el penekini. ¿De qué se trata? Pues mejor no intento definirlo, juzguen ustedes mismos.

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El penekini, la última moda de baño masculina.

Diminuto, colorido, y apenas tapa lo necesario. Su presencia fue detectada, como si de un depredador marino se tratara, por primera vez en Marbella donde los concursantes masculinos de un reality show inglés llamado “Only Way is Essex’, una especie de Gandía Shore, lucían estos estrafalarios trajes de baño que se pueden comprar por Ebay. Lo que me parece increíble es que se lleguen a pagar 8 euros aproximadamente, ¡con la poca tela que se necesita para su fabricación!

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Los concursantes del reality inglés en Marbella.

Otra de mis grandes dudas, y supongo que la de todos, es cómo se pone esta escasa prenda. Dicen, que se coloca alrededor de la pierna, pero yo creo que su colocación debe requerir ingeniería para no dejar nada al aire. ¿Se atreverían ustedes con esta revolución que me recuerda al protagonista de la película Borat? El bronceado está asegurado.

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Borat, el satírico personaje interpretado por Sacha Baron Cohen.

Dicen que en Brasil durante el Mundial de Fútbol el penekini fue el furor, vamos la prenda estrella que quien sabe si algún día veremos en alguna tienda de Inditex, tanto es así que hasta ya hay una canción que habla sobre esta moda.

Tan curioso es, que hay quien dice que por la tela del bañador se puede conocer a un hombre, y lo explico, más allá de lo que deje otear esté o no empapado. ¿Será cierto que su estampado y forma hablan por sí solos y muestran al mundo nuestro interior? ¿Podríamos establecer una clasificación entre bañadores por encima de la rodilla, bañadores largos, y slips o boxer ceñidos, y la personalidad de quiénes los utilizan? Pues bien, parece ser que sí. Si lo llevas largo, tipo surfista y que estuvieron de moda hace unos años, puede que lo que intentes proyectar sea juventud o deportividad pero el efecto es parecido al de la mismísima Ana Obregón y sus posados veraniegos porque podría delatar cierto peterpanismo, y es que quienes verdaderamente practican surf utilizan trajes de neopreno. Entre este tipo de bañistas todavía los hay más osados y en un alarde de “originalidad” se dejan la ropa interior debajo del bañador, quizás para lucir esos Calvin Klein falsos o que ha estado ahorrando para comprarse, ya que cómodo, lo que se dice cómodo y útil no puede ser mojar dos prendas. Caso de estudio sociológico y es que hasta el tenista Verdasco ha sido pillado de esta guisa.

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Hombres con bañadores largos tipo surfero.

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Jóvenes luciendo boxer bajo su bañador.

Luego están los que llevan los “normales” o por encima de la rodilla, a estos los diferencian según el color. Si son colores lisos o estampados pueden denotar que te gusta vivir la vida, sobre todo fuera de la playa, vamos que sería a quién tendrías que intentar pasarle tu número de teléfono; y en cambio si su bañador es muy oscuro quizás sea una persona que acude a la playa casi por obligación y realmente está deseando irse de ese lugar. Puede que incluso no se quiten la camiseta.

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Esteban, concursante de Gandía Shore.

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Macho español con un “fardaguevos” o slip.

 

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Modelos de la marca ES Colection.

Y en lo más alto del ranking, sólo superados por quienes ya se han decidido a utilizar los penekinis, están quienes llevan slip tipo “fardaguevos” o boxer ajustados. Hacen patria y honor al macho ibérico que pusieron de moda en los 70 Alfrendo Landa o El Fari con las suecas y alemanas en la playa. A muchos de quienes los usan les gusta estar ceñidos aunque su cuerpo ya no esté para esos modelitos, o sí, quieren emular ser jugadores de fútbol o participantes del mencionado Gandia Shore y tienen cuerpos esculturales que han estado todo el año machacando en el gimnasio y se han pasado horas y horas de depilación. Pero si quieres saber más sobre la historia y tipos de bañadores puedes leer este otro artículo.

Me pregunto yo en qué punto estarán quienes no utilizan bañador y se decantan por el naturismo. Seguro que muchos pensarán que tienen un punto de lujuria y perversión por eso de estar en la playa desnudos. ¿Será difícil hacerlo? ¿La mente controlará al deseo? Como decía Samantha Villar, como no es lo mismo contarlo que vivirlo me he decidido a probarlo, casi sin pensarlo demasiado y porque era más barato y menos ridículo que comprarme un penekini.

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¿Por qué ocultar nuestro cuerpo con prendas absurdas como el penekini? ¿Prejuicios? ¿Tabú? ¿Pudor?

Tenía miedo a estar desnudo, y hace años ni siquiera lo hubiera pensado.  Según me acerqué a la playa me invadía el nerviosismo por el miedo al qué pasará, pero estaba totalmente decidido a terminar con los complejos y las ataduras que desde niños nos imponen. También me ayudó mucho la persona que me acompañó que naturalizó la situación, aún sin saber que era mi primera vez. Tendí la toalla sobre la arena y comencé a quitarme la ropa. El sol apretaba y lo primero fue darme bronceador en todo el cuerpo a la vez que sentí el aire por todo mi cuerpo. Aunque yo tenía cierta verguenza las pocas miradas no me incomodaron porque no parecían de interés chismoso ni con connotación sexual. Poco a poco, me sentí más cómodo y relajado, a la vez que comprobé que quienes acuden a playas nudistas son personas normales, grandes y pequeños, altos y bajos… Lejos de ser una pasarela de biceps y cuerpos perfectos son un remanso de tranquilidad. Eso fue lo que respiré y a pesar de que no actué con total naturalidad, supongo que a todo principiante le paso lo mismo, porque no llegué a bañarme. Disfruté, casi sin levantarme, del sol en mi toalla y de esa sensación que sólo puedes entender si pruebas la diferencia. No sé si repetiré, pero la experiencia valió la pena. ¿Por qué ocultar nuestro cuerpo con prendas absurdas como el penekini? ¿Prejuicios? ¿Tabú? ¿Pudor? Todo superado.





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