¿Necesito un efervescente?

¿Ciudadanos o Podemos? ¿El de la coleta o el del traje? Medio país vive en una contradicción que podría hasta llegar a afectarme a mí mismo, como si de una gripe se tratara. Su alto poder de transmisión no difiere demasiado con el de un poderoso virus, aunque eso sí, el verdadero virus es el de la corrupción instalada en determinados estamentos contra el que estos partidos efervescentes como un medicamento dicen ser eficaces. A juzgar por el boca a boca y los últimos resultados electorales -europeas y andaluzas- no se yo si tendré que abrigarme más, temer sus efectos o sencillamente dejarme contagiar como ese joven que sale de fiesta en camiseta y sin chaqueta un sábado noche. El caso es que si tuviera que elegir entre Podemos o Ciudadanos no sabría por cual decantarme. 

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Rivera es el más valorado en las encuestas, mientras Iglesias provoca por igual adhesión y rechazo en el electorado.

Personalmente creo que su lucha (sacar a España de la crisis y hacer que los de a pie volvamos a creer) no es cuestión sólo de dos, y es lo primero que les recriminaría a estos nuevos agentes de la vida política. Me encanta la gente nueva, explorar caminos, confrontar visiones… pero soy de los que piensan que ni todo lo nuevo es bueno ni todo lo viejo es malo. ¿Entonces por qué pensar o proclamar que ellos y sólo ellos tienen la fórmula mágica de ese medicamento que todos esperamos desde hace unos cuantos años? Pues no lo sé, quizás sea un poco por la osadía de decir vamos a probar con alguien que nunca ha estado gobernándonos, porque no nos olvidemos que los políticos deben trabajar para nosotros. Pero, y si éstas formaciones son como los genéricos. Sí, como esos medicamentos que desde hace años nos receta la Seguridad Social para ahorrarse dinero y no pagar las marcas. Mejor aún, ¿y si son producto de laboratorio? No hay lugar para que quepa la sospecha, la política hoy en día tiene grandes dosis de investigación, y por supuesto de ficción. Hay asesores políticos que bien podrían ser guionistas de Scandal, Borgen o House of Cards, y quién sabe si cuando pierdan su puesto de trabajo se pasarán al mundo de las series. Series que conviven con esos programas en los que salen los nuevos salvadores de la patria, y que tras ver alguno he llegado a pensar que Podemos es el nuevo PSOE y Ciudadanos el nuevo PP, salvando las diferencias por supuesto. Pero parece que estos dos nuevos partidos que hablan de romper el bipartidismo han llegado para ocupar la mayor parte del tiempo mediático. Ya no se habla de rojos y azules, ahora se habla de morados o naranjas aunque a veces sus propuestas parezcan fundir en un mismo color lo cierto es que difieren, y no podríamos denominar a Ciudadanos “el Podemos de la derecha” porque ese puesto lo ocuparía la formación Vox. Podemos está a la izquierda del PSOE y Ciudadanos está a la izquierda del PP, no a la derecha. El objetivo de Ciudadanos es conquistar el centro y hasta evocan a la antigua UCD y a Alfonso Suárez, utilizando como táctica la ambigüedad calculada para no descubir lo que verdaderamente hay debajo de su indefinición y de su “ni de izquierdas ni de derechas”.

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Cuanto más tiempo pasa parece que estos medicamentos con visos de genéricos tienen algunos síntomas que nos hacen prever que de tomarlos la salud del país no mejoraría si no corrigen su compuesto, porque han recurrido a las mismas tácticas que la “casta” intentando engañarnos de entrada con propuestas económicas imposibles de cumplir, vetando a periodistas, con una financiación cuanto menos dudosa y con algunos militantes que parecen más preocupados en el exabrupto o en el “quítate tú pa ponerme yo” que en dar con esa fórmula mágica que destruya el letal y mortal virus de la crisis social. Al menos a mí me produce sorpresa que quienes se presentan como regenadores utilicen las mismas, o las peores, artes que los partidos tradicionales. Y creo que cada vez hay más personas que sienten decepción, ¿podríamos hablar ya de partidos flash? Es decir, de esos que deslumbran cuando llegan pero que duran poco, igual que le ocurrió a Foro Asturias de Francisco Álvarez Cascos o que está pasando con UPYD. La formación magenta irrumpió en el mercado electoral con intención de quedarse y crecer, las tuvo todas consigo pero el tiempo y el cuestionado personalismo de Rosa Díez y la falta de democracia interna les ha relegadao de un papel en el que tenían muchas probabilidades de ser protagonistas. Por eso, los miembros críticos de esta formación abrazan a una nueva novia de cara a la cita electoral: Ciudadanos. En el Principado el exdiputado Ignacio Prendes expulsado por la mismísima Díez será muy probablemente el cabeza de lista de la formación naranja. Quizás los programas no difieran tanto y hubiera sido más que entendible una coalición electoral (el propio Prendes ha afirmado que su antiguo partido “se ha convertido en una herramienta inservible”), pero pienso que quizás algunos votantes interpreten esto como oportunismo ya que ahora que aumenta la popularidad y las posibilidades de Ciudadanos le salen amigos por todas partes, como a los donetes, aunque es cierto que hasta ahora en Asturias no contaban con demasiados simpatizantes. 

CONGRESO NACIONAL DE UPYD

Rosa Díez quiso hundir Ciudadanos y parece que ha dinamitado su propia formación.

Así que sigo sin resolver la contradicción que me planteaba porque puedo coincidir con determinados planteamientos de Podemos o de Ciudadanos, pero no termino de identificarme. Yo les pediría a ambas formaciones que se desnudaran de verdad y dieran la cara. Ah, que Albert Rivera ya lo hizo en su primera campaña electoral en Cataluña. Entonces parecía más atrevido, hoy guarda más las formas que le acercan a su pasado vinculado al PP y que enfatiza su corte de niño pijo, aunque he de reconocer que el traje le sienta muy bien. Si tuviera que elegir sólo por aspecto lo asumo, soy más de Rivera que de Iglesias. Las camisas de cuadros me encantan, son uno de mis fondos de armario, pero no acabo de encontrarle la belleza al líder de Podemos al que además veo últimamente en un tono demasiado crispado que cierto es puede hasta llegar a recordarnos a Aznar. En cambio Rivera parece más serio y riguroso, pienso que va de niño bueno, de yerno perfecto… y puede que eso le haga ganar simpatías entre los desencantados de los partidos tradicionales y entre los que piensan que el efecto Podemos se desgasta. Pero ojo, Rivera no es nuevo en política, lleva más de una década y construyó su discurso a partir del antinacionalismo catalán siendo bandera de la españolidad. Y esto a mi no me preocupa sino algunas de sus propuestas como el contrato único o la llamada “mochila austriaca”, porque la indeminización por despido tal y como la conocemos dejaría de existir para dar paso a una especie de cuenta corriente en la que te van ingresando un 1% de tu sueldo y el trabajador sabría en cualquier momento a cuanto asciende su ahorro que en caso de despido. No sé, pero esta fórmula al menos a mí tendrían que explicármela un poquito más al igual que lo de poner un sólo tipo de IVA. ¿Qué pasa que habrá que pagar por el pan, la leche, los huevos, las verduras lo mismo que por productos de lujo como el caviar? Otro aspecto dudoso para Ciudadanos es su manifiesta intención de paralizar las inversiones públicas como el AVE, que pienso que para Asturias es una cuestión fundamental que ayudaría a la comunidad a salir de su aislamiento. En fín, ¿de verdad hay que elegir entre Venezuela o Dinarmarca?

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El llamativo cartel electoral con el que el joven abogado Albert Rivera se presentaba con 27 años como candidato a la Generalitat en 2006.

 

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