¿La rutina es buena o mala?

Hay una palabra que nos produce casi tanto miedo como “ruptura”, también empieza por “R”, e incluso su existencia puede llevar a que se produzca esa otra. Les hablo de la rutina. ¡Oh, dios! ¡Peligro! Como decía aquel anuncio de colchones que todas las palabras que contenían su marca producían un placentero sueño y la gente acababa durmiendo al escucharlas, con rutina sucede todo lo contrario. En lugar de adormecerte produce que salten todas las alarmas. ¿Por qué? Porque la asociamos al aburrimiento, a costumbres o hábitos que realizamos casi de forma automática y sin razonar. Y que decir si relacionamos esa palabra con pareja u amor, los detonadores podrían indicar que todo va a saltar por los aires, no en vano dicen que la rutina es como “un extintor del amor” y aseguran que “el amor se evapora al calor de la rutina”. Contra eso hay miles de recomendaciones para intentar sorprender a tu pareja y sobrevivir a un momento crítico debido a la monotonía, y es que la rutina para muchos es una amenaza.

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Asociamos rutina a lo negativo, al aburrimiento, a costumbres o hábitos que realizamos casi de forma automática y sin razonar, por eso en una pareja puede considerarse un síntoma de crisis.

Pero al contrario de lo que creemos la rutina también es positiva en sí misma, y no hay que apartarla de nuestra vida. Aristóteles dijo que “somos el resultado de lo que hacemos repetidamente. La excelencia entonces, no es un acto, sino un hábito”, y parece que estaba en lo cierto porque la repetición diaria de rituales fue el pilar del éxito de grandes genios. Me levanto, me ducho, me visto, desayuno, voy al trabajo… Así empieza el día para muchos, y esa continuidad es la que nos permite que realicemos ciertas labores de forma más eficiente y precisa. Por ejemplo, conducir, si todos los días lo realizamos conseguiremos más destreza y soltura, y pronto abandonaremos ese miedo del novato. Por tanto, la rutina nos hace sentir más seguros y nos da la sensación de tener las cosas bajo control. Pero ojo, también puede resultar contraproducente no arriesgarte a hacer cosas nuevas o hacer las cosas de una forma mejor porque en nuestra zona de confort estamos muy cómodos. Por eso hay quien cree que la rutina acaba coartando tu propia libertad ya que se convierte en un estilo de vida del que no puedes salir. Este es el caso de personas que por temor no cambian de trabajo o pareja, empiezan a sobrevalorar lo conocido y ni se plantean una forma diferente de vivir, y es que a veces vivimos haciendo las cosas que nos han enseñando y parecemos casi robots. Sin embargo, esto puede hacer morir nuestros propios sueños y esperanzas. Tenemos que recordar que los seres humanos por naturaleza necesitamos cambios, reinventarnos y superarnos constantemente, de ahí que de vez en cuando a todos nos entren ganas de escaparnos aunque sea un fin de semana y hacer un viaje.

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La rutina también es positiva en sí misma, pero debemos encontrar el equilibrio entre los hábitos y los cambios o estímulos que como seres humanos necesitamos.

Pero carecer de ciertas rutinas también puede resultar contraproducente para nosotros, y un simple hecho como quedarte sin trabajo puede cambiar tus rutinas y modificar tus hábitos de vida completamente. Así que hay que lograr la balanza perfecta, y por qué no construir nuevas rutinas, eso sí sabiendo que no es fácil establecerlas y que si nos ponemos metas muy altas el fracaso aparecerá. Por ejemplo, a la hora de estudiar conviene hacerlo siempre en el mismo horario y lugar, y no pensar que voy a sacar una carrera sino que voy a aprobar esa asignatura. Al contrario de lo que pensamos muchas veces la vida no es cuestión de tener buena o mala suerte, sino de tener hábitos o rutinas que nos lleven al éxito.


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