El día que cambió mi vida

Lo primero que recuerdo es un viaje entusiasmado hacia la Universidad Laboral un domingo de finales de mayo después de varias conversaciones, tras meses del ¿hola qué tal? Y poco más. Así comenzó la primera cita, como tantas otras en las que ninguno de los dos llegamos predispuestos a nada más que conocerse. Pero algo pasó, no sé si por aquel coche deportivo o por la onda de su flequillo. Tras eso, se fue forjando algo que un día como hoy sellamos en un hotel de Oviedo tras una noche de fiesta. La ilusión, la esperanza y el deseo se apoderaron de nosotros, y los dos quisimos emprender un camino juntos, pero no fue fácil. Es largo de explicar y confuso de entender a priori la responsabilidad que cada cual tenemos, y la distancia que ahora nos separa pero en cuestión de días mi manera de ver y vivir la vida cambió.

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Aún recuerdo el viaje entusiasmado de una noche de domingo a la Universidad Laboral de Gijón.

Así fue. Desde ese 9 de junio comencé una nueva etapa, hacía casi un año que había decidido dar un pequeño paso para aceptarme a mi mismo, y lo que me vino a partir de entonces fue como si hubiera dado un salto triple mortal con tirabuzón, pero en aquella piscina no sabía nadar aunque a mi lado tenía un “socorrista”, experto nadador que siempre me ayudó. La sociedad, la familia, los amigos… mucha gente se lo imaginaba, otros ni siquiera lo intuían y otros aún no se dan cuenta del daño que pudieron hacerme ni tampoco del que yo mismo me había hecho, al menos durante los últimos años, al no haber contado mi gran secreto porque pensaba que mi vida era una puta mierda. Sin duda, si el amor no se hubiera cruzado, quizás yo solo nunca me hubiera atrevido porque creo que nunca fui demasiado valiente sino más bien débil e inseguro y lleno de prejuicios. Por eso, con esto de las tecnologías intenté camuflar aquello a lo que de una vez tendría que enfrentarme. Y a final… salió más que bien, no hubo ese rechazo que yo tanto temía y además sentí el orgullo de quienes me rodean. Muy especial, el de una persona que normalmente entierra sus sentimientos bajo una capa de seriedad. Ahora sé que una vez que te enfrentas al mundo todo puede resultar más fácil, y tu mismo puedes conseguir ser más feliz. Cada persona no tiene por qué dar explicaciones a nadie y puede vivir su vida como lo desee en cada momento. Por eso, casi sin pensarlo dije lo mismo que la famosa canción de Ricky Martin, ¡Basta Ya!

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Queríamos demostrarle al mundo que la vida estaba echa para vivirla con emoción, con ese latir que sentíamos en el corazón.

Anécdotas hay un millón, para llenar un libro y no podría ni siquiera resumir todo lo vivido. Simplemente con caminar de la mano ya estaba retando el convencionalismo de esta sociedad, y nada ni nadie se me ponía por delante. Tomar el sol, cenar, ir de sidras… viví el mejor verano de mi vida, o al menos uno de los mejores, a pesar de aquel accidente que incluso salió en el periódico. Locuras, hoteles, viajes por Asturias y España, y muchas fotos porque queríamos demostrarle al mundo que la vida estaba echa para vivirla con emoción, con ese latir que sentíamos en el corazón. Tanto que incluso fuimos a vivir a ese piso que cuando entré en él no me gustaba y que fuimos haciendo nuestro rápidamente a pesar de no estaba en nuestra ciudad soñada. Pero no todo era un cuento de hadas, también como cualquier pareja, teníamos altibajos que llegaron a superarnos. Pero en este campo prefiero no ahondar.

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Viví el mejor verano de mi vida, o al menos uno de los mejores.2631759-Eurostars-Madrid-Tower-Spa-12

Estoy orgulloso del viaje que he vivido y que me lleva hasta este presente incierto, aunque por supuesto cambiaría millones de cosas si se pudiera hacer magia. Gracias a todo ello uno se ha hecho más fuerte, se ha conocido mejor a uno mismo, y ha crecido en el aspecto personal y humano, porque como dijo Stephen Chbosky “somos quienes somos por muchas razones. Y probablemente nunca las conoceremos a todas. Pero aunque no tenemos el poder de elegir de dónde venimos, aún podemos elegir a dónde vamos desde allí. Aún podemos hacer cosas. Y podemos tratar de sentirnos bien por ellas”. Así que después de este año nada es igual, y nunca olvidaré lo que disfrutamos. Me negaré a calificar nada de fracaso aunque muchas veces tenga ese sentimiento, y le tenga que hacer entender al corazón que cuando existe el verdadero amor no hay razones por las que sufrir ni que tampoco es posible aferrarse a algo que sabemos que ya no funcionará o que tiene muchas probabilidades de que suceda. Porque si ese algo tiene que ser, no detendrá nuestro mundo, y tarde o temprano será. Por todo esto, hoy estoy seguro que aquel día cambió mi vida.

 

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