Desempleado, el fino límite entre el deprimido y el depresivo

Pertenecer a esos 4.447.650 individuos que no tienen empleo en España, más aquellos que maquillan las estadísiticas, te lleva a la frustración. Sí, no te engañes los primeros meses en el paro incluso disfrutas pero luego comienzas a desesperarte. Nadie te llama, no ves ninguna oferta en tu sector, envías currículums por Internet, y comienzas a pensar que todo es por tu culpa. ¡No vales ni para barrendero! ¡Cuánto dinero gastado en estudiar! Te haces tan responsable de que la situación se prolongue en el tiempo que tus propios ánimos decaen al mismo ritmo que tu ansiedad aumenta, y la descargas junto a tu ira o mal humor con los seres que tienes cerca. Vives como en una noria, en la que ciertos días estás arriba y otros te vuelves a sentir hundido y vacío; incluso llegas a compararte con alguno de los protagonistas de Frasier, una de las mejores series que se han emitido en television.

Lo cierto es que la pérdida del empleo no sólo tiene consecuencias para nuestro bolsillo, también puede dañar nuestra salud emocional y física. Estamos por tanto ante un problema serio que me lleva a preguntarme, ¿podríamos pedir responsabilidades a los políticos que nos han llevado a la crisis o a los empresarios que se aprovechan de estos tiempos para tratar como mercancía a sus empleados? ¿Cómo repercutirá ésto en nuestra sociedad en un futuro? Un estudio de la British Medical Journey asegura que los desempleados tienen entre 2 y 3 veces más riesgo de suicidio que quienes trabajan. Los expertos españoles han reconocido también que la depresión tiene más incidencia entre quienes carecen de un empleo, y que los casos se han duplicado. Incluso si no se padece una depresión, existe mayor riesgo de caer en el alcohol y las drogas.

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a065488c017c026da1e2bb6a8ca013b7 Oficinas de empleo en Asturias y Madrid.

La depresión por desempleo está diagnosticada, pero sus síntomas tardarás en reconocerlos o aceptarlos. El primero dicen que es mostrar actitud de “estar de vacaciones”, ¿te va sonando? Después está la angustia al comprobar que no puedes encontrar trabajo y obsesionarte al pensar en tu futuro -no podré cumplir mis sueños, tener aquella casa deseada o ni siquiera tener hijos-. También te adaptarás al “estilo de vida del desempleado”, es decir, vivir resignado a esta condición por lo que ya no luchas por tus objetivos y tu autoestima se debilita más y más. Al mismo tiempo vas cogiendo una serie de malos hábitos, como aislarte y quedarte en casa en el sofá -pero es que la mayor parte de opciones de ocio no son gratuitas-, no querer levantarte de la cama, encerrarte en tí mismo… Y a todo esto hay que unir complicaciones para dormir, jaquecas o migrañas, tensión muscular, problemas digestivos, falta de apetito o al contrario, atracar la despensa, e incluso despreocuparte por tu aspecto o higiene.  Por último, la falta de empleo también puede hacer aflorar ciertos problemillas de nuestra vida que o bien no conocíamos, o que creíamos resueltos. Y es que el trabajo es como un motor para nuestras vidas, alrededor del que giramos, y su pérdida no sólo nos deja dolor sino que puede provocar importantes consecuencias en nuestra mente y en nuestra vida. Eso sí, tu siempre dirás “estoy bien”, y no mostrarás tus sentimientos porque al exponer lo que te pasa la gente rara vez lo comprenderá. Entonces sientes temor a no ser entendido, a mostrar tus debilidades, o incluso a ser objeto de chistes y risas entre tus amigos y familiares.

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Te adaptas al “estilo de vida del desempleado”, es decir, vivir resignado a esta condición por lo que ya no luchas por tus objetivos y tu autoestima se debilita más y más. Al mismo tiempo vas cogiendo una serie de malos hábitos, como aislarte.

¿Qué hacer para salir de esta noria? Dicen que lo primero es distraer la mente, no tener mucho tiempo libre y aprovechar para hacer tus hobbies, estar con amigos o familia, praticar algún deporte, apuntarte a yoga o técnicas de relajación…  y reciclarte profesionalmente aprendiendo nuevos oficios o habilidades. Nadie dijo que fuera fácil, y sólo con el tiempo verás que has vencido a tu enemigo y que te sientes totalmente bien, aunque aún no tengas ese trabajo que tanto deseas. No obstante, nunca debes perder de vista tu objetivo de reintegrarse en el mercado laboral, y en todo momento deberás seguir buscando de forma activa.

Además para abandonar este estado emocional y físico, que no deseas, puede contribuir solicitar ayuda a tu médico de cabecera o incluso visitar un psicológo, pero sin olvidar que tu mismo tienes la llave de tu felicidad. Que por ti mismo puedes dejar a un lado los pensamientos negativos, y valorarte como persona y como profesional. Ten siempre presente que aunque el trabajo es algo necesario para sobrevivir vivimos tiempos difíciles, el paro es uno de los mayores problemas mundiales a los que nos enfrentamos. No olvides que todo llegará, y que millones de personas más que capacitadas para trabajar, al igual que tú, no encuentran el modo ni el medio de hacerse un hueco en el mercado laboral. Huye del “no valgo nada” y piensa que eres todo un valor, así que cuida de ti, de tu ánimo, tu imagen y tu salud para estar a punto cuando llegue la ocasión de demostrar tu profesionalidad. No dejes que el paro acabe contigo ni tires la toalla.  Así que comienza por disfrutar de la vida y sonrie, siéntete afortunado. Sólo así estarás más cerca de lograr tu sueño, porque “lo importante no es cómo te caes, sino cómo te levantas”.

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