Cuba y Estados Unidos, esa vieja pareja que por fin vuelve a entenderse

Es una de las noticias del año y quizás del siglo XXI, y se ha hecho esperar hasta bien entrado diciembre casi tanto como los números del Gordo de la Lotería. Nos ha sorprendido a todos, quizás porque era igual de inesperada que esperanzadora. Sin duda, marcará un antes y un después. Y es que si a cualquiera de nosotros le comentan algo parecido hace un año pensaría que era una tomadura de pelo, igual que si nos hubieran dicho que íbamos a ver a una Infanta imputada. La actualidad a veces es así, nos hace frotarnos los ojos para comprobar si lo que estamos viendo o leyendo es realidad. Pero en este caso era algo que tenía que ocurrir, mejor dicho, que debería haber ocurrido hace medio siglo.

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Los cubanos han acogido la noticia con alegría mientras que los exiliados han mostrado su disgusto por el nuevo acercamiento que toda la comunidad internacional ha aplaudido. Ahora, el pueblo cubano mira cómo sacar provecho de los cambios. FOTOS: Max Álvarez.

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Y es que Estados Unidos y Cuba eran dos enemigos condenados a entenderse. Eran como una pareja que se divorcia y tiene hijos, tarde o temprano tendrá que dejar las constantes e interminables discusiones por el bien de los cachorros. Y sino incluso les puede obligar un juez, pero claro, en este tipo de separaciones las cortes internacionales dejan bastante que desear. Por eso, me alegra que Raúl Castro y Barack Obama hayan llegado, por fin, a un acuerdo para reanudar los vínculos diplomáticos con la mediación del Papa Francisco, que de nuevo deja patente que es un revolucionario dentro de una institución arcaica. Y ya era hora señores, más de medio siglo que se dice pronto. 55 años cual pareja divorciada que mantenía una lucha absurda en la que ambos querían ganar para aumentar el poder frente al cónyuge. Finalmente los dos países divorciados, agotados de peleas por causas más o menos insignificantes, parece que han dejado atrás las diferencias. Eso sí, no sé si ambos se habrán parado a reflexionar y tengan cierta amargura por las terribles consecuencias de su distanciamiento, sobre todo para el pueblo cubano. Lo que sí parece más claro es que ambos se venderán ahora como ganadores, sin ir más lejos, dentro de Cuba se ve como la mayor victoria política del gobierno en décadas. Lo siento, el castrismo ha sabido mantener en alto sus ideales aún con la sucesión, pero creo que el precio a pagar ha sido demasiado alto. Eso sí, al igual que con cualquier pareja en esta historia no hay buenos ni malos.

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Tampoco serán cambios inmediatos pero espero que tengan impacto positivo en la vida cotidiana con hechos como más alimentos y productos, a partir de la expansión del comercio. FOTOS: Max Álvarez

 Todos hemos estudiado cómo tras el ascenso al poder de Fidel Castro y la nacionalización de las industrias, no diré estadounidenses porque también hubo muchos españoles y asturianos que salieron perjudicados, comenzaban los intentos de estrangulamiento del régimen que entonces empezó a coquetear con otra novia, la URSS. Vamos, que empezó una relación con alguien que odiaba a su expareja, y a la que ésta consideraba como “la gran amenaza roja”. En plena competencia de superpotencias la URSS no dudó ni un momento y aceptó una relación en la que aportó financiación y armamento. Mientras, todas las estrategias estadounidenses y complots al más puro estilo hollywoodiense para derrocar e incluso matar a Fidel Castro fallaban, como sucedió en Bahía de Cochinos. Pero el conflicto entre estos dos divorciados a punto estuvo de desencadenar la Tercera Guerra Mundial por la conocida crisis de los misiles. Eso fue en 1962. Después años de tiras y aflojas, de hielo y deshielo, en los que el propio Castro reconocía ya en 1964 que la hostilidad entre los vecinos era “innecesaria”. Casi 40 años después, en 2002 con la crisis de los balseros y el niño Elián, del que todos nos acordamos porque fue rescatado del mar cuando su madre se ahogó mientras intentaba escapar de la isla, hubo de nuevo cierto entendimiento. Pero luego, el gobierno de George W. Bush despertó los viejos rencores incluyendo a Cuba en los países del llamado “eje del mal”. Sinceramente, pienso que la rencilla venía de la Guerra Fría -tema más que olvidado- y tenía mucho más que ver con la URSS que con la propia Cuba, máxime cuando las relaciones de Estados Unidos con otros países comunistas como China o Vietnam llevaban años siendo fluidas.

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Finalmente los dos países divorciados, agotados de peleas por causas más o menos insignificantes, parece que han dejado atrás las diferencias. Eso sí, no sé si ambos se habrán parado a reflexionar y tengan cierta amargura por las terribles consecuencias de su distanciamiento, sobre todo para el pueblo cubano.                              FOTO: Max Álvarez

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Las medidas que se tomarán a partir de ahora, no significan el fin del embargo porque eso debe aprobarlo el Congreso de los Estados Unidos, pero acarrearán aspectos positivos para el pueblo cubano como más viajes, aumento del dinero que se puede mandar desde Estados Unidos… Tampoco serán cambios inmediatos pero espero que tengan impacto positivo en la vida cotidiana con hechos como más alimentos y productos, a partir de la expansión del comercio. También es muy probable que aumente el turismo, donde las empresas españolas podrían beneficiarse, y seguramente que dos de los productos de lo que considero marca Cuba, el tabaco y el ron, muy probablemente aumenten sus ventas en todo el mundo. Y además de permitir exportar a la isla materiales de construcción para residencias privadas, se podrá dar paso a una verdadera revolución digital. Sí, como lo leen, porque se autoriza la expansión de artículos para el desarrollo de Internet en Cuba y que los proveedores de telecomunicaciones se establezcan allí. ¿A quién no alegraría esta decisión? Es fundamental que los cubanos puedan acceder a Internet, pero eso sí, yo añadiría a Internet sin restricciones. Recordemos que la red es libre, y en la isla por el momento la libertad de expresión es inexistente. La conocida como ley mordaza impone hasta 20 años de prisión para quienes cuestionen la supremacía comunista y coordinen cualquier información en contra. Con este panorama, como podéis comprender ejercer el periodismo en la isla es muy complicado y se convierte para algunos en profesión de riesgo como si se tratara de un enemigo público. No en vano, muchos periodistas o blogueros han sido detenidos. En la isla caribeña pocos tienen acceso a Internet, y más si es sin censura. Para ello, tienen que pagar unos 10 dólares a la hora y acceder a un hotel de turistas exponiéndose a un claro riesgo de arresto y muchas posibilidades de sufrir un trato vejatorio porque tampoco se cumplen los Derechos Humanos. Pero yo me cuestionaría si hoy en día éstos se cumplen en España y otros países mucho más ricos y desarrollados.

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El castrismo ha sabido mantener en alto sus ideales aún con la sucesión, pero creo que el precio a pagar ha sido demasiado alto. Eso sí, al igual que con cualquier pareja en esta historia no hay buenos ni malos.       FOTO: Max Álvarez

Por tanto, estamos ante una buena nueva, pero creo que no debe entenderse más que como el comienzo de un largo camino pues a esta pareja le quedan unas cuantas asignaturas pendientes para poder hablar de normalidad. Para poder mirarse limpiamente, sin ningún rencor. Para que sus hijos no tengan que sufrir ninguna secuela. Y es que el actual bloqueo no sólo afecta al aspecto económico sino a servicios básicos como la salud y la educación. Pero por fin, se ha dado un paso para salir de esta mala conducta y hacia el reconocimiento por ambas partes de que su relación turbulenta era injustificada. De poco serviría lo anunciado tras el intercambio de presos, Alan Gross por los cinco cubanos condenados por espionaje, si Estados Unidos no reconoce la soberanía cubana y si Cuba no abre paso hacia la verdadera democracia y hacia la libertad.   Y reconozco que no puedo hablar de ese país sin hacerlo desde el corazón. Porque nada más llegar al aeropuerto José Martí, tras 9 horas de viaje y tras pasar un control policial en el que hasta nos fotografían con una especie de webcam, uno no sólo siente la humedad. A pesar de estar plagado de penurias el pueblo cubano ha sabido plantarle cara con ingenio a las adversidades y tener una propia filosofía de vida que nos contagia en cuanto pisamos la isla. Da igual su condición, pero los cubanos comparten, lo poco o lo mucho que tienen, con todo el que se acerca. Y es que tuve la suerte de poder pasar 7 días en la isla caribeña hace 5 años aproximadamente, y fue uno de los mejores viajes de mi vida. Pude conocer la Plaza de la Revolución, pasear por El Malecón, disfrutar de La Bodeguita del Medio o El Floridita, conocer la Catedral o el Capitolio, entrar en una fábrica de tabaco… Y sí, también de ver la cara extrañada de alguno cuando rechazábamos cualquier ofrecimiento para ligar o de cualquier cosa que se pareciera a turismo sexual. Estábamos allí para empaparnos, para vivir una experiencia única, para que cada paso fuera capturado en nuestra memoria o en nuestra cámara de fotos. Por cuestiones profesionales no pude acudir a Varadero como el resto de mis amigos, me quedé en La Habana dos días sólo y tengo que decir que caminaba como un ciudadano más, sin sufrir ningún robo ni sentirme un extraño.

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El Capitolio es el edificio más majestuoso de La Habana, construido después de que la “Danza de los Millones” donase al gobierno cubano un cofre sin fondo de dinero procedente del azúcar. Es similar al Capitolio de Washington pero algo más alto y mucho más rico en detalle. Fue sede del Congreso Cubano pero desde 1959 alberga la Academia Cubana de las Ciencias y la Biblioteca Nacional de Ciencia y Tecnología. FOTOS: Max Álvarez

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Eso sí, me dolía el alma bajar a la piscina del hotel y ver el paisaje que me rodeaba mientras tomaba el sol. Las ventanas de esos majestuosos y maravillosos edificios medio derruidos, y la gente que se asomaba con recelo o para tender la ropa mirando a los turistas. Uno de esos días solo en la capital cubana, tras estar un rato en la piscina subí a mi habitación casi corriendo y me encerré para reflexionar. No me sentía bien, estaba algo abrumado por ver la realidad que tantas veces había visto por la tele, pero mis tripas no digerían ese contraste de imágenes. Estaba allí y no podía estar tirado como si estuviera en Tenerife o en cualquier resort de lujo, y una vez más cogí mi bolso y salí a la calle. A pasear, a perderme, a rodearme y conversar con gente, y a entregar lo que me quedaba de aquellas cosas que había comprado para regalar según las indicaciones de una compañera de trabajo que ya había estado en la isla. Cosas de primera necesidad como medicamentos, un simple cepillo de dientes o unos caramelos para los niños. Cosas que para ellos eran auténticos tesoros. Incluso regateando en un mercadillo lo único que parecían querer a cambio de un maravilloso cuadro eran los pantalones bermudas que llevaba. Antes de abandonar la isla vacié mi maleta y dejé ropa a uno de los chicos que limpiaba la piscina del hotel. Su cara reflejaba cierta vergüenza, me puse en su lugar y le comprendí perfectamente, incluso seguro que por un momento pensó que yo tuviera otras intenciones, pero sabía que o bien él podría utilizar la ropa o sabría a quien entregársela al igual que champús y geles de baño. Le preparé un bolsa, y mientras que vaciaba mi maleta de harapos comprados en Zara y otros lugares similares la llene de regalos y recuerdos. Como el de esa familia que me acogió en su casa como uno más, una periodista que trabajaba en la televisión cubana que tenía dos hijas, una de ellas bióloga de mi misma edad. El contacto me lo había dado mi compañera. Después de llamarles por teléfono, uno de los días de mi viaje les llevé un paquete con productos tan necesarios como compresas, ropa de mi hermana y algún producto cosmético. Comí con la hija y con su abuela de avanzada edad, un delicioso plato de arroz con frijoles y platano frito. También hablamos mucho sobre la situación de Cuba y España, y de la vida en general. Sin duda, me sorprendían las diferencias y me chocaba como alguien de mi misma edad podía tener una visión positiva, o le daba la vuelta a cosas que yo considera negativas.

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Tras estar un rato en la piscina subí a mi habitación casi corriendo y me encerré para reflexionar. No me sentía bien, estaba algo abrumado por ver la realidad que tantas veces había visto por la tele, pero mis tripas no digerían ese contraste de imágenes.                                    FOTOS: Max Álvarez

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Con esa familia también compartí lo que ellos denominaban sus vacaciones. Una jornada en la playa en casa de otros conocidos suyos en un bonito pueblo de la costa, al que llegamos tras perdernos por las carreteras cubanas y compartir asiento con un militar que hacía autostop y que acercamos a otro pueblo. Toda una aventura compartida con unos amigos recién conocidos en el hotel que habían alquilado un coche. Podría escribir mucho más, pero simplemente diré que Cuba es una experiencia necesaria en la vida. Por eso, espero y deseo como he dicho antes que tras este largo divorcio la nueva época de entendimiento con su ex, Estados Unidos, marque el inicio de un tiempo nuevo y quien sabe si algún día puede que incluso haya boda. Pero no me gustaría de ninguna manera que el pueblo cubano y sus valores, que están por encima de cualquier política, fueran devorados por ningún sistema ni por ninguna sociedad que vive apresurada, carente de valores, y sin disfrutar del día a día.

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La Bodeguita del Medio y El Floridita, dos locales míticos que forman parte de la “marca Cuba” junto con el ron y los habanos.

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