¿Cómo superar una entrevista de trabajo?

No amigos, el título de este post no es nada original. De hecho, si buscáis en el todopoderoso Google podréis encontrar cientos -que digo cientos- miles de entradas similares. Tanto es así que uno tiene hasta más temor aún si se pone a leer los consejos para acudir a una entrevista de trabajo. ¿Qué hacer antes, durante y después? Hay muchos “trucos”, “rituales” y demás historias para lograr el éxito en este punto clave del proceso de selección de cualquier empresa pero si existiera una fórmula mágica quizás no habría tanto desempleo. Mis últimas experiencias tiran por la borda muchas de estas teorías, o digamos clichés, acerca de cómo tiene que ser el encuentro, quizás porque las cosas cambian o porque no seguir las normas puede ser en sí mismo una manera de destacar entre la multitud.

No debes seguir al paso todos los consejos.

No debes seguir al paso todos los consejos.

No te obsesiones preparando la entrevista.

No te obsesiones preparando la entrevista.

La naturalidad y sencillez es un arma.

La naturalidad y sencillez son un arma.

Vence tu miedo.

Vence tu miedo y deja ver tu talento.

Tras días y días visitando webs de ofertas de empleo decidí probar suerte fuera de mi campo de trabajo natural, el periodismo y el social media. Encendí mi portátil, me tiré sobre mi cama y tecleé el nombre para entrar en una famosa página de búsqueda de trabajo. Seleccioné todas las ofertas para mi provincia. Por supuesto tenía claro que no iba a practicar intrusismo profesional, algo a lo que día a día nos enfrentamos los periodistas. Pero bueno, hay empleos que puedo desempeñar por conocimientos u habilidades aunque no tenga experiencia o sea muy escasa -pensé-. Fui desechando y me quedé con varias ofertas, las miré una y otra vez, y no sabía si continuar el proceso. Pero me decidí, así que empecé a sembrar mi currículum. Durante varias semanas se convirtió en habitual entrar y mandar el currículum para empleos como dependiente, camarero, asesor financiero, teleoperador, comercial, y sí, incluso encontré uno de community manager. Pasaban los días y nada, mi teléfono no sonaba nunca con número de esos largos de centralita, ni siquiera recibía ningún correo electrónico, sólo mensajes de “la empresa ha visto su currículum”, y “la empresa le ha descartado”… Me ponía frenético cada vez que lo veía. Hasta que de repente un día, escucho mi tono de llamada y en la pantalla aparece un número extraño de otra provincia. Respondo y una voz dulce me pregunta, ¿es usted Max Álvarez? Le llamo de una empresa porque hemos recibido su currículum y queríamos realizar una entrevista contigo. La verdad, no me lo esperaba y casi ni recordaba el nombre de la empresa, tuve que preguntarle, ¿de dónde dice, perdón? La mujer iba tan rápido que casi no me dio tiempo a anotar bien la dirección a la que tenía que acudir dentro de dos días. A la mañana siguiente otra vez un número raro, y misma operación esta vez sí recordaba haber enviado mi curriculum. Era una gran distribuidora de telefonía. Me citaban para el mismo día, así que las ajusté en el tiempo tras una cita que tenía con el médico.

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“Pasaban los días y nada, mi teléfono no sonaba nunca con número de esos largos de centralita, ni siquiera recibía ningún correo electrónico…”

Amanecía con sol y tras varios días lloviendo dije voy a ponerme camisa y pantalón corto tipo docker, luego llevaré uno largo para cambiarme para las entrevistas. Un retraso en la consulta me hizo llegar tarde a la primera de ellas y finalmente, sí, en pantalón corto. Aún así, yo no estaba nada nervioso. Y creo que esa es la clave de cualquier entrevista controlar tus nervios y ser tu mismo. Tras un momento de espera en un centro de empresas la recepcionista me indicó que pasara al fondo a la derecha. Allí piqué a la puerta y pasé. Me encontré a un hombre de unos 10 años más que yo, cuya sonrisa dejaba patente su gran poder de seducción. Era guapo y pronto noté como su mirada se clavó en mis pantalones al estrecharme la mano. Pensé que la había cagado, no obstante me senté en la silla y me dispuse a comentarle todo aquello que precisara. Una breve lectura de mi currículum y comenzaron las preguntas típicas como, ¿por qué quiere formar parte de esta empresa?, incluso me preguntó por mis hobbies y mis logros. ¡Vaya! Había acudido sin los deberes hechos, sin informarme sobre la empresa y sin preparar nada, pero tomé las riendas y dije esta es mi oportunidad. “Le voy a ser sincero”, le espeté cuando me dijo por qué había enviado mi curriculum, y le contesté “he mandado a todo”. Así entablamos una conversación en la que yo no dejaba de mirarle fijamente a los ojos seducido por su belleza. Él me explicó en que consisitía ese trabajo que más que comercial ellos denominaban asesor, tenías que hacer puerta fría en domicilios y pymes, y también me comentó rapidamente las condiciones de trabajo. Querían tener un buen equipo, con futuro y para ello ofrecían un contrato mercantil que llegado cierto nivel de ventas pasaría a ser laboral de 20 horas, aunque si realmente quisieras llegar a los objetivos tendrías que dedicarle más tiempo. Las ventas salen, aseguraba, y con 6 lograrás unos 1300 euros. La entrevista terminó con un clásico ya te llamaremos, y otro apretón de manos.

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Estrechar la mano de forma firme es un gesto clave con el que podemos intercambiar muchos mensajes sutiles y provocar una impresión que nos haga ganar puestos a la hora de conseguir un trabajo.

Apresurado puse rumbo a la segunda entrevista del día, en la misma ciudad en un polígono industrial. Entré con retraso en la nave, y aunque había llamado para avisar ya no me esperaban en la empresa. Tras recibirme, me dirigí hacia una sala y en unos minutos me ví sentado frente a una chica con gafas y de aspecto de tímida, y un chico que podría ser incluso más joven que yo y también llevaba gafas. Era él quien hacía todas las preguntas. De nuevo por qué nos elegiste, y cómo crees que es el trabajo de un comercial. “Pues visitar al menos 30 establecimientos al día y conseguir que el rechazo de la gente no interfiera en el trabajo, y por supuesto lograr ventas”, contesté. La conversación fue un poco menos profunda que la anterior entrevista pero también me explicaron que yo pasaría a ser un “colaborador” de la empresa, vamos que tendría que hacerme autónomo. “No es problema para mí, ya lo soy”, expliqué. Me mostraron todas las instalaciones de la empresa y me citaron ya para el día siguiente para explicarme condiciones y recibir una primera formación para vender dos productos, uno energía y el otro telefonia. ¡¡Estaba seleccionado!! Una pequeña alegría recorrió mi cuerpo, aún sin valorar los pros y contras, yo sabía que ambos trabajos eran minijobs por no llamarlos basura, ojo con mucho respeto para quienes allí trabajan, pero intuía que realmente te estaban vendiendo la moto y las condiciones dejaban bastante que desear. En el primero una vez logrado el contrato laboral tu sueldo era de 400 euros brutos más comisiones, en el segundo aunque te daban una “ayuda” para cubrir parte de tus gastos de autónomo sólo percibías ingresos por las ventas, y te descontaban un determinado tanto por ciento para asegurarse que permanecerías en la empresa durante un tiempo. Supuse que sería porque la gente no aguanta.

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Existe el darwinismo social, tienes que ser más apto que otros para optener un puesto, por tanto, tienes que diferenciarte conociéndote a ti mismo y sabiendo que puestos de trabajo pueden hacerte vibrar y cuál es tu vocación.

Cuando ya creí haber visto suficiente, esa misma tarde, casi de noche, mi móvil volvió a vibrar. Sí me llamaban para otra oferta. En este caso de teleoperador. Siempre me había llamado algo la atención, y además era para telefonía por lo que me veía muy capacitado. Además el hecho de no tener que hacer puerta fría sino estar en un centro receptor de llamadas me parecía una ventaja sobre mis dos anteriores entrevistas. Me habían citado al mediodía -esta vez estaba a la hora y con pantalón largo pero vaquero- y allí me encontré con más candidatos en una vivienda convertida en centro de operaciones. Nos entrevistaba una mujer, fuerte, de pelo rizado. Su entrevista fue la más corta, simplemente se interesó por lo fundamental y comentó un poco las características de la empresa y del empleo que ofrecían. También destacó que les daba igual si tenía experiencia o no, al igual que comentó las condiciones. 7 días de formación, 20 días a prueba con cierto objetivo de ventas, y un contrato por 2 horas, aunque realmente tenías que trabajar 4 horas. Una vez superado ese “trámite” como premio obtenías el contrato a 4 horas, por el cual cobrabas menos de 500 euros brutos más tus pertinentes comisiones. Vamos que el guión del programa Vaya Semanita es totalmente verídico.

Una semana más tarde, otra empresa volvía a requerir mi presencia para otra entrevista. Acudí con un look casual y fui puntual pero me hicieron esperar unos minutos en una de las salas, después me pasaron con el director comercial. Un chico apuesto y engominado cuya cara me sonaba de haberlo visto alguna noche de fiesta. Un repaso a mi currículum en el cual se interesó por mi trayectoria, y alguna pregunta sobre el motivo de mi búsqueda de empleo. Luego pasó a presentarme los productos. No era venta fría al uso porque el cliente era citado por teléfono para ofrecerle una crema valorada en 20 euros por tan sólo 3 euros, creo. Luego debería mostrarle un amplío catálogo que parecía la lampara de Aladino, había de todo: máquinas tipo Thermomix, colchones de latex, ultrasonidos… Le “regalabas” aquellos dos productos que el cliente quisiera, ambos valorados en unos 1000 euros, a cambio “sólo” debería abonar las mensualidades de una guía médica de la que se costeaba simplemente el valor de la impresión. El sueldo parecía sugerente, creo que unos 1500 euros, trabajo a jornada partida, con comida en la empresa, y eso sí, a las 7 de la tarde finalizabas. Pero no me convenció, y aunque es recomendable probar, tu debes crecer en lo que haces, y mucho menos te vas a enfrentar a tus “rivales” o “compañeros” por un empleo en el que no te sientes cómodo, porque sí existe el darwnismo social.

En todos estos trabajos resulté seleccionado sin apenas haber puesto demasiadas ganas o haber cumplido los clichés en cuanto a vestimenta, preparación, etc. Entonces, ¿qué funcionó? Pues por palabras de dos de los jefes o reclutadores, para uno la paciencia. Demostré ser una persona tranquila y relajada a pesar de ir en pantalón corto, y para el otro la valentía de aparecer cuando ya no te esperaban. Yo añadiría algo más, la naturalidad tanto en el aspecto como en la forma y modo de hablar. Yo iba sereno, no me jugaba nada porque aunque deseaba trabajar tenía claro que esos empleos no serían el curro de mi vida, vamos no los valoraba del mismo modo que si me hubieran llamado de Antena3 o Telecinco. Pero es preferible cualquier cosa antes que seguir en paro y siempre es bueno tener ingresos aunque no sean los deseados. Eso sí, cualquiera se lleva las manos a la cabeza tras estas aventuras y reflexionar sobre cómo esta el mercado laboral y cómo las empresas sacan provecho de la situación.

Por ello, otra de mis recomendaciones es perder el miedo a acudir a una entrevista de trabajo, quizás esto sea lo que te haga fracasar y te impida conseguirlo, como comentaba anteriormente piensa que no te juegas nada. Por eso, siempre es útil acudir a las entrevistas de trabajo si no te suponen mucho coste en trasporte pues son un entrenamiento. Creo que como conducir, andar en bici, hablar en público o muchas otras cosas en la vida en las que la piel se curte y el cerebro también a base de práctica. Así que ya lo ves, no me queda más que dar toda la razón a Risto Mejide, en su ya popular artículo ‘No busques trabajo’ en el que afirma “intenta no venderte y estarás mucho más cerca de que alguien te compre de vez en cuando”. Y si te vendes, añadiría yo, hazlo de forma original, siendo tu mismo pero sin ser maleducado como ocure en la película Ted, en la que su protagonista no se corta ni un pelo y aún así logra un trabajo e incluso un ascenso ¿Por qué? Hasta el propio osito se lo pregunta, y es que nunca sabemos lo que el quien está al otro lado de la mesa estará buscando.

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