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¡Adiós Duquesa!

Salí muy joven de mi pueblo para estudiar en Salamanca. Rápidamente me quedé enamorado de su majestuosidad y de sus edificios, entre ellos uno, el Palacio de Monterrey. Era el punto de quedada para ir a mi facultad o para salir de fiesta, y era propiedad de la Duquesa de Alba. Contaba la leyenda que dormía en una habitación cuando…