Cambios… ¿Reales?

Vivimos tiempos convulsos, de cambio, alteración o variación. Y es que parece que los astros se han alineado para que nuestro país comience una nueva etapa. O quizás por fin, los estamentos han escuchado lo que el pueblo lleva clamando en la calle años desde la llegada de la crisis o incluso antes, pues parece que ahora todos los males se achacan a esta “enfermedad”. En pocos días, sorpresa tras sorpresa. La primera el resultado de las elecciones europeas que como si de un terremoto se tratara ha provocado un seísmo de gran intensidad, cuyas consecuencias en la escala Ritcher están empezando a valorarse y verse, pero su alcance no será comprobado hasta la próxima cita con las urnas. Lejos de ser una catástrofe natural, al menos para el pueblo, puede ser un paso hacia la deseada prosperidad.

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Los grandes partidos han sufrido las consecuencias de sus políticas, más o menos equivocadas, y el desgaste tras años en el poder. Una nueva figura emergente, surgida del descontento, Pablo Iglesias y su partido Podemos que fue creado tan sólo meses antes de la cita electoral consiguieron arrasar con una campaña centrada en el boca a boca y las redes sociales y un programa, que aunque muy utópico evidencia una profunda transformación. Así que ni Cañete ha sido un ganador, ganador, ni su partido está para demasiados vítores, al igual que los socialistas quienes ya han empezado a mover ficha con la dimisión de Rubalcaba. Y ahí tenemos un segundo cambio con la posible “renovación” en el sistema de elección de su sucesor. ¿Será la militancia, es decir, todos los afiliados o sólo los delegados como ocurre hasta ahora quienes elegirán el nuevo rumbo? Ver, veremos porque estos días la frase más repetida en cualquier corrillo es el ¡¡hay madre!! La exaltación es patente porque tanta acumulación de noticias de relevancia no es habitual, tanto que si existiera “Aquí hay tomate”, Carmen Alcaide, diría su mítico ¡¡Qué fuerte, qué fuerte!! Y no es para menos, nuestro Rey Juan Carlos ha decidido darnos la noticia del año: su retirada. Y todos hemos estado pegados al televisor para ver su mensaje.

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Pero,  ¿por qué llega ahora la abdicación? La respuesta se me escapa, hay muchas teorías y expertos que llevan días ocupando páginas de periódicos y minutos en radio y televisión. Pero en mi cabeza están todos esos cambios que estamos llamados a vivir y comprobaremos. ¿Cuánto dinero costará cambiar los cuadros del Rey en Juzgados, colegios e instituciones? ¿En cuánto tiempo tendremos los sellos y monedas con nuevas caras? ¿Cómo serán los mensajes de Nochebuena? ¿Heredará Felipe VI también el “orgullo” y “satisfacción”? ¿Leonor vendrá a la ceremonia de los nuevos premios “Princesa de Asturias” el próximo mes de octubre en Oviedo?cambios reales

Y no son las únicas cuestiones que me planteo porque otro gran cambio es la nueva composición de la Familia Real, que mengua bastante. Por tanto, ¿tendremos Reina Madre o doña Sofía volverá a ser Princesa de Grecia? ¿Juan Carlos será Conde de Barcelona? ¿Dónde vivirán y qué funciones tendrán los recién jubilados Reyes? ¿El Rey podrá ser juzgado? ¿Y las antiguas infantas cómo llevarán el pasar a ser simplemente hermanas de…?

Sólo el tiempo nos dará las respuestas, pero si la monarquía quiere verdaderamente asumir esta renovación y que no pase por ser una simple redecoración como si hubiéramos visitado IKEA, ¿por qué no un referéndum? manifestaciones-peticiones-referendumMuchos se han apresurado a salir a la calle y pedir la Tercera República, pero guste más o menos, esta consulta al pueblo significaría la verdadera transformación, el fin de la Transición, y la demostración de que la democracia y el sistema funciona. Y así, escuchando al pueblo se ganarían enteros y éste volvería a creer. Se lograría ese ansiado “conectar” que pretenden las instituciones. Pero esta opción, difícilmente se produzca, así que en menos de dos semanas tendremos nuevos Reyes, Felipe VI y la que fuera compañera periodista Letizia Ortiz. Quién sabe si llegarán con nuevos aires y acometerán cambios “Reales” o todo seguirá como hasta ahora. Pero nadie negará que estamos viviendo días para la Historia, días de sobresalto y de cambio.

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