Aceptar, una difícil y necesaria acción

Aceptar significa recibir voluntariamente lo que se ofrece, acceder a algo,  aprobar o dar por bueno, admitir una situación o a una personal tal cual es sin quitarle ni esperar nada distinto. También significa conformarse, aunque no sea sinónimo esto de resignarse. Pues bien, el principio de cualquier cambio está precisamente en ese verbo: aceptar. Pero la aceptación puede ir acompañada de ese sentimiento de estar en blanco y en vacío, algo que tememos pues nos genera inseguridad, duda, confusión… Y claro, los seres humanos somos vagos por naturaleza, preferimos quedarnos en eso que llaman zona de confort, ese lugar en el que nosotros mismos establecemos las fronteras y bajo el que nos sentimos arropados y con métodos de defensa. Por eso, es frecuente que en más de una ocasión las personas evitemos aceptar, bueno también las hay que ni siquiera aceptan el más mínimo equivoco o no tener razón en una simple conversación pero eso es ya una patología severa. Lo cierto es que para aceptar lo bueno nadie reniega. Quién va decir que no si ha sido ganador de la lotería, pero en cambio y lo vemos en el anuncio del Gordo de Navidad de este año, aceptar que le ha tocado al vecino y que además la fortuna no ha visitado tu hogar por un olvido tuyo es algo más complicado.

Por lo general consideramos que lo negativo es algo a evitar en lugar de algo que tenemos que aceptar. Con esta postura lo único que hacemos es huir, obviar, y al contrario de lo que creemos alargar lo negativo en lugar de combatirlo. Por eso, muchas veces el sentimiento de dolor llega por no aceptar. Eso sí, nadie dijo que aceptar fuera fácil, sobre todo porque todos tenemos ideas preconcebidas por uno mismo y por la sociedad acerca de cómo debería ser todo, y así soñamos y construímos nuestro universo sin limitaciones, sin problemas emocionales o sin situaciones dolorosas. Pero el camino para encontrarse con uno mismo y con todo lo que le rodea y conseguir la deseada felicidad, es dejar fluir y no resistirse a algo que en realidad  existe, o algo que está dentro de nosotros, o algo que está dentro de otra persona, o algo que ha sucedido. Por eso establezco, tomando frases de Jorge Bucay, tres formas de aceptar que necesitamos poner en práctica para mejorar nuestra autoestima y ser un poquito más felices:

1) Aceptar una situación o que la realidad es de determinada forma nos ayudará a sentirnos menos presionados y nos permitirá reaccionar ante ella. Muchas veces sufrimos y nos dañamos incluso a nosotros mismos tratando de forzar que la realidad sea como nosotros creemos o queremos que sea en lugar de ponernos a buscar alternativas, ya que aceptar no es negarse a transformar ni a cambiar. Por ejemplo, si vas de viaje conduciendo por una autopista y acaba no te quedas lamentándote y esperando a que construyan más trayecto, ni sigues si ves que hay un precipicio en el que puedes caer sólo por no aceptar que la autopista finalizó. Tras cabrearte tomas la carretera convencional para seguir. Pinchando aquí puedes leer una forma muy sencilla de explicarlo.

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2) Aceptar a los demás como son pues la perfección no existe. Evitaremos conflictos innecesarios y frustración personal, ya que dejaremos de culparles por no ser como nosotros,  y es que todos nos sentimos cómodos con nuestros similares. Hay personas manipuladoras que tienen el poder de influenciar y moldear a su antojo a quienes están a su alrededor aunque a veces todos intentamos controlar y dirigirla vida de los demás, por ejemplo diciendo cómo comportarse… En cambio lo que deberíamos hacer es tolerar, respetar, y tener claro que es diferente pedir que alguien cambie algo porque son nuestros deseos que exigirle. Además solemos juzgar a los demás convencidos de que sus actitudes y decisiones son fruto del egoísmo o la maldad. Eso sí, aceptar a los demás no significa ver sus defectos como inevitables y contentarse con el “yo soy así” ni permitir que nos avasallen. Por eso a veces es mejor continuar por caminos separados. Por ejemplo, si eres padre o jefe de un equipo tienes que evitar que los demas actúen como tú actuarías.

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3) Autoaceptación. Significa sentirse feliz de quienes somos, aceptando y apoyando todas nuestras partes, incluso aquellas que no nos gustan, y eso nos produce paz con nosotros mismos. No podemos olvidar nuestras cualidades ya que parece que existe miedo a quedar como demasiado vanidosos o faltos de humildad por tener orgullo de uno mismo. Al dejar de culpabilizarnos y angustiarnos por no aceptarnos, por ejemplo esto ocurre con la propia identidad sexual en el caso de muchos homosexuales, podremos mejorar aspectos de nuestra vida. La autoaceptación implica reconocer lo dignos que somos de recibir cariño y afecto a pesar de nuestras imperfecciones ya que quien se rechaza a sí mismo se suele juzgar y reprochar con frecuencia. Eso sí, tampoco debemos olvidar la autocrítica, siendo conscientes de los cambios para mejorar ayudándonos en nuestras fortalezas y comprendiendo las debilidades. Por ejemplo, si discutes con frecuencia quizás es porque tienes un carácter agresivo que hace que saltes a la mínima. Mientras lo niegues, le eches la culpa a otros, y no aceptes que tienes mal carácter y que quizás se deba a que te pones nervioso y no lo controlas, no estarás cerca de solucionarlo.

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Espero haber profundizado un poquito en la importancia de aceptar, pues es un punto de partida básico para todo lo que queramos hacer y construir. Hasta la mismísima Lady Gaga daba este emotivo discurso en uno de sus conciertos en el que anima a sus seguidores a aceptarse, ser diferente está bien, dijo la cantante convertida en icono, pero nunca hay que tener miedo ni a amar a quien quieres, ni a amar quien eres.

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